sábado, 17 de mayo de 2014

Reconocer errores, tendría que comportar rectificaciones


Una pregunta surge en torno a errores cometidos, tendencias no previstas, inadaptación a cambios en la realidad… ¿el PSOE tenía, o podía tener, recursos intelectuales suficientes para conocer y difundir en su partido que pudieran haber minorado los desastres?, sin ninguna duda. De no contar con ellos dentro de su estructura, los podía encontrar a su disposición en empresas y universidades, en la Administración y sociedad civil…, el problema es que el partido de la etapa Zapatero no atendía demasiado las valoraciones ajenas. Ni sus dirigentes en los órganos centrales e intermedios, ni en las agrupaciones locales. No fue cierto que nadie supiera ni dijera nada de aquella burbuja inmobiliaria y de crédito, u otros problemas de la crisis española.

Lógicamente la impermeabilidad en partidos de gobierno es más visible por las consecuencias, pero igualmente se produce en los partidos pequeños, con excesivo culto al jefe, el parco funcionamiento de equipos y la excesiva ideologización de posturas contrapuesta a racionalizar alternativas concretas a problemas concretos. Este es un problema generalizado en todos los partidos que llegan a despreciar sugerencias o estudios que no cuadran con sus posturas previas; conocidas son las actuales tensiones y fuertes discrepancias del PP con gabinetes de estudios y fundaciones cualificadas de la derecha en propuestas anticrisis.

La legislatura municipal arrancó en 2007, año en el que explotaron las hipotecas subprime en EEUU, cuya burbuja inmobiliaria se desinfló en 2006, que es cuando los precios de la vivienda frenan como consecuencia de la subida de tipos de interés de 2005, y en meses comienzan a caer, comportamiento paralelo al manifestado en España. La quiebra de Lehman Brothers se produce en septiembre de 2008, comienza la crisis financiera internacional. En España la burbuja inmobiliaria llamaba la atención a mucha gente desde años antes, Mariano Guindal, en ‘El declive de los dioses’ Planeta 2011, pp 459, relata una conversación con Miguel Sebastián, responsable del programa económico socialista, en campaña electoral de 2004, éste advertía de la gravedad de la burbuja española y su inevitable estallido, que se llevaría todo por delante empezando por los bancos, entonces era hombre de confianza de Zapatero, cuando los socialistas ganaron las elecciones generales, no aceptó ser ministro de economía -pasó a la oficina presupuestaria, gabinete económico de Zapatero, años después fue nombrado ministro-.

En los municipios, al menos ante las dudas, el sentido común y el desplome de ingresos tributarios municipales indicaba que se debía haber frenado en lo posible todo proyecto no esencial, frenar el desarrollo desbocado de tanto gran proyecto realizado a la vez, reducir la grandiosidad del CREAA, dejar sin construir algún centro cívico, o aparcamiento, etc.

Faltó comunicación, interrelación con el mundo exterior al partido, en las sedes centrales del partido y en las locales, comunicación no solo es contar cosas, sino convencer a la ciudadanía de que lo que vive es lo que pasa, -aquel sistema financiero español del que debía aprender el mundo, se convierte hoy en la campaña de recuperación del PP, choca con la realidad de la gente que vive destrozada, y en aquel entonces de Zapatero con un sistema financiero quebrado- Para la campaña de municipales de 2011, estaba claro que no habían entendido la situación que atravesábamos, actuaban como si no hubiera ocurrido nada especial, en los programas electorales continuaron hablando de grandes proyectos y planes de desarrollo, en un país que transitaba la senda de ser rescatado e intervenido desde mayo de 2010. La cuestión no es que hubiera gente soñadora, necesaria en toda colectividad, lo importante es que los partidos políticos, deberían tener mayor funcionamiento como equipos, ya que son o deberían ser órganos colectivos, con puertas y ventanas abiertas para buscar opiniones distintas que puedan relativizar los sueños y hacerlos posible a tamaño real. Lo que importa en la calle es el resultado, pero éste dependerá mucho del funcionamiento abierto o cerrado, de la democracia interna, de la relación electores elegidos.

En España está sobredimensionada la figura del pope político, e infravaloradas las fuerzas locales, en todos los partidos del arco ideológico incluidas las nuevas propuestas, la militancia local parece limitada en gran medida a preparar los acontecimientos para la presencia de los personajes significativos y a transmitir documentos de las centrales. Pero la vida diaria necesita esos individuos y sus opiniones y sus errores, su participación en debates y decisiones, sin necesidad de esperar al gran personaje; de tal forma que si no se entrena la participación luego se generan militantes pasivos que generan mayores errores al dejar las decisiones en poder de gente muy alejada. Este es un problema que no aprecian en los partidos.

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