sábado, 28 de noviembre de 2020

Salvar la Navidad. O Salvar vidas

La Navidad del epidemiólogo. Javier Sampedro. 25 novbre 2020

https://elpais.com/ciencia/2020-11-24/la-navidad-del-epidemiologo.html

La vida personal de los científicos no es noticia, pero a veces da pistas sobre el futuro inmediato... En ausencia de datos a prueba de agua, la vida privada de los investigadores puede ser una buena guía provisional.

El 80% de los expertos no va a celebrar la fiesta en absoluto

Pasemos al covid, como decía antes. No hay preceptos científicos de acero inoxidable que nos digan lo que debemos hacer en Navidad. Nadie puede decir “si los nietos ven a sus abuelos morirán 10.000 personas en enero”. No tenemos esa precisión de cálculo. … sin embargo, podemos meter el hocico en la vida privada de los epidemiólogos. Es lo que ha hecho The New York Times, que ha puesto tres redactores a enviar cuestionarios a 635 epidemiólogos de su país para saber qué piensan hacer el jueves, cuando se celebra allí Acción de Gracias. Esta fiesta es el verdadero equivalente a nuestra Navidad al otro lado del Atlántico, donde Trump tiene que indultar a un pavo de 18 kilos y los universitarios vuelven a casa desde otros lugares del país y del mundo.

Los resultados se resumen en un momento. Algunos de estos expertos celebrarán el thanksgiving en un garaje con la puerta abierta, otros no recibirán a la familia y brindarán con sidra caliente con sus vecinos y alguno más montará una tienda de campaña en el jardín con sistemas de calefacción y renovación del aire. Pero el 80% no va a celebrar la fiesta en absoluto.

En la encuesta que recoge The New York Times, a la que hace referencia el Sr. Sampedro, el 64% de los epidemiólogos contesta a la pregunta donde celebrará Acción de Gracias, 'solo, en mi casa'. A la pregunta de a donde irá/estará en las vacaciones de invierno, el 69% responde, 'solo, en mi casa'.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Politizan la Navidad a cuenta de la covid

Salvar la Navidad. Javier Sampedro. 21 nov 2020
https://elpais.com/ciencia/2020-11-20/salvar-la-navidad.html

''Ya habrá tiempo de que las familias se encuentren y los restaurantes abran

‘’... En España empieza a observarse una politización de la Navidad. Los gobiernos autonómicos de derechas, como los de Madrid y Cataluña, están empeñados en salvar la Navidad, mientras los poderes de izquierdas, incluida Moncloa, se van convenciendo de que eso no parece una gran idea.

Los partidos más sensibles a los grupos de presión económicos se han agarrado como lapas a una idea conveniente pero errónea: que aprobar medidas estrictas ahora bajará las cifras de contagio y muerte lo bastante para que, justo el 20 de diciembre, podamos consumir a dos carrillos en las grandes superficies abarrotadas de carne humana, irnos a cenar con los estimados compañeros de trabajo y organizar unas celebraciones familiares hipercalóricas en las que llueven cuñados desde los cuatro puntos cardinales de la infección. No es la primera vez que se politizan las navidades. La anterior alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, se llevó la del pulpo por hacer no sé qué cambios imperceptibles en la cabalgata de reyes. Un sector de la derecha cree sinceramente que la Navidad es suya, como la bandera, el himno y –ya en el colmo de la doblez— la Constitución que sus padres no votaron.

Pero el salvamento de la Navidad con el que sueñan los místicos no va a ocurrir. Sería un error garrafal, porque los movimientos y contactos de amigos, colegas, cuñados y clientes nos llevarían a una tercera ola poco después de Reyes. Una campaña navideña descafeinada perjudicará a las grandes superficies y a la hostelería, sin lugar a dudas. Pero una tercera ola las dañará todavía más, y el empeño en salvar la Navidad puede causar muchas muertes evitables. Para superar la segunda ola no basta doblegar la curva. Eso ya lo hicimos en verano, con los resultados que padecemos ahora. Cuando se levanten las medidas restrictivas, los sistemas sanitarios tienen que estar preparados con una receta repetida hasta la náusea –refuerzo de la atención primaria, rastreadores, pruebas, cuarentenas— que, curiosamente, es justo la que siguen ignorando los gestores sanitarios, ya centrales o autonómicos.

Lo peor que podríamos hacer es aprovechar el optimismo con que los expertos han recibido las vacunas para relajarnos en las medidas de restricción social. La población general no va a estar vacunada en muchos meses, el ciclo de picos de muerte arriba y abajo tendrá unos costes en vidas difícilmente soportables e imposibles de justificar ante cualquier electorado. Ya habrá tiempo de que las familias se encuentren y los restaurantes abran. Lo demás es politizar el papel higiénico.’’

PD: Javier Sampedro es uno de los grandes divulgadores científicos actuales

jueves, 19 de noviembre de 2020

Sin acritud. Pero, al Cesar lo q es del Cesar

 Contraponer un enlace sobre el vicepresidente Iglesias a la información anterior sobre declaración de Lidia sobre muertes en Residencias en la Comisión del Congreso, me parece, como poco, improcedente, porque:

1.    El enlace sobre el vicepresidente Iglesias, recoge noticia de fecha de 10 de marzo, sobre distribución tareas dentro del gobierno de la nación, aunque su torticera utilización parecería tener la intención de responsabilizarle de la tragedia de las Residencias, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid.

2.    No deben olvidar que España es un estado federal, un estado compuesto, con amplias atribuciones en sus territorios, las llamadas CCAA, incluidas las de sanidad y asuntos sociales, que organizaron y dirigieron durante la pandemia.

3.    3692. Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19.

Artículo 6. Gestión ordinaria de los servicios.

Cada Administración conservará las competencias que le otorga la legislación vigente en la gestión ordinaria de sus servicios para adoptar las medidas que estime necesarias en el marco de las órdenes directas de la autoridad competente a los efectos del estado de alarma y sin perjuicio de lo establecido en los artículos 4 y 5.

 

4.    El gobierno de la nación no tiene, ni asumió atribuciones sobre las residencias de mayores, que estuvieron y están en manos de las CCAA.

5.    Son los gobiernos autonómicos, los gobiernos territoriales, quienes tuvieron y tienen responsabilidad en la contratación, despido y organización del alto personal responsable en cada territorio. Por ejemplo, en el caso de la Comunidad de Madrid, ejerció su responsabilidad, despidió o empujó a dimitir, a cerca de una decena de muy altos cargos vinculados con la crisis covid 19, siendo cubiertos los nombramientos por el Gobierno de la Sra. Ayuso, lo cual es una muestra de sus atribuciones de responsabilidad y poder.

6.    El 12 de marzo el gobierno Ayuso, presidenta y consejero Ruiz Escudero, afirman públicamente que las residencias se van a medicalizar. El 17 de marzo Ayuso en entrevista Telecinco afirman que las residencias están medicalizadas. Mentira. Como sentenciará el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, y mostró la realidad de las más de 700 residencias de la región.

7.    El 19 de marzo el Consejero de Políticas Sociales, pide ayuda al gobierno de la nación para que envíe la UME. La presidenta niega horas después que necesite tal ayuda. Hasta ahora son pruebas de quien tiene las competencias, y al menos un alto porcentaje de responsabilidades.

8.    Las órdenes que recibieron los hospitales de la Comunidad de Madrid para no aceptar derivaciones de las residencias de mayores, fueron impartidas por el gobierno de la Comunidad de Madrid, que era quien podía transmitirlas. El 20 de marzo enviaron un protocolo para evitar que los ancianos fueran trasladados a hospitales, inicialmente firmado por Carlos Mur, director de coordinación sociosanitaria de la Comunidad. Existió otro protocolo posterior en el mismo sentido para evitar derivaciones de ancianos desde sus domicilios.

9.    Salvo ancianos con pólizas de seguros privados.

10.  El 22 marzo, el consejero Reyero envía dos correos al Consejero Sanidad Ruiz Escudero cuestionando la legalidad del protocolo. Otra prueba más de quien tenía y asumía la responsabilidad y atribuciones.

11.  Meses después, el 4 de junio en la Asamblea de Madrid, el Consejero Ruiz Escudero, reconocerá que los protocolos de exclusión de residentes fueron enviados a los hospitales, aunque dice que ‘fue por error’. Fueron publicados los correos de Reyero a Ruiz, en los que se prueba las órdenes de exclusión.

12.  El 25 de marzo la Consejería de Políticas Sociales del gobierno regional anuncia que intervendrá las residencias. Al día siguiente la presidenta Ayuso quita las competencias de residencias a Políticas Sociales, en poder de Ciudadanos y las transfiere a Sanidad en manos del PP, ambas dentro del gobierno regional. Quien podía hacerlo lo realiza y no era ningún vicepresidente del gobierno de la nación.

13.  El Tribunal Superior de Justicia de Madrid, meses después de decretado el estado de alarma, dictó seis sentencias, al menos, -yo conozco las de Alcorcón, Leganés y Móstoles-, instando al gobierno de la Comunidad de Madrid a medicalizar las residencias. Es el Tribunal Superior de Justicia quien insta mediante sentencias al gobierno de la Sra. Ayuso, porque estima que tienen la responsabilidad. No se dirige a otro gobierno ni al vicepresidente Iglesias.

14.  Las residencias de mayores, son en gran parte propiedad de empresas privadas, grandes grupos empresariales y fondos de inversión controlan gran número de ellas. Por tanto, su objetivo como negocio, es la alta rentabilidad, los altos beneficios, para lo cual, la reducción de costes es esencial. Ello contribuyó en gran medida al desastre, sin medios, sin personal, sin espacios… Las otras residencias públicas, son controladas por los gobiernos territoriales.

15.  Conozco en primera persona la entrada de un grupo inversor en la residencia donde estaba mi madre, durante sus últimos meses. Las primeras acciones, años antes de la pandemia, fueron reducir personal y gasto alimentario. El personal es esencial en los cuidados de mayores.

16.  Durante la primera ola de la pandemia murieron mas de 7.700 ancianos en las residencias de mayores madrileñas. Aquellos que durante meses llamaban asesinos al gobierno de la nación, imputándole directamente su responsabilidad en las muertes, callaron posteriormente cuando fueron descubriendo que las atribuciones fueron/son principalmente de los gobiernos autonómicos, en este caso de Madrid dirigido por el PP. Lo cual no exime de responsabilidad compartida a toda institución española, incluido el gobierno de la nación. Pero a estas alturas de la película, volver a insinuar responsabilidad criminal en el vice Iglesias con un enlace de Antena 3 del 10 de marzo es asquerosamente indigno.

lunes, 16 de noviembre de 2020

Bravo Lidia. Coraje y Sensibilidad

 Permitan transcriba entero el artículo.



‘Una directora de residencia en Madrid relata que el hospital rechazó a sus enfermos durante 27 días’ Fernando Peinado. El País 13-11-2020

https://elpais.com/espana/madrid/2020-11-13/una-directora-de-residencia-en-madrid-relata-que-el-hospital-rechazo-a-sus-enfermos-durante-27-dias.html

Una directora de residencia ha contado este viernes en la Asamblea de Madrid cómo el hospital de Alcorcón negó durante 27 días el ingreso de sus mayores enfermos de covid-19. Lidia Sánchez ha relatado que, entre el 13 de marzo y el 9 de abril, el hospital rechazó derivaciones, un período durante el que murieron 30 residentes en su centro, Amavir Alcorcón. Sánchez ha contado a la comisión de investigación que, “sin lugar a dudas”, habrían sobrevivido algunas personas de no haberse producido el tapón hospitalario que sufrieron los geriátricos, ordenado por la Comunidad de Madrid para reducir la presión sobre los hospitales.

“Se nos está yendo la gente y no podemos hacer nada”, fue una de las súplicas que Sánchez le hizo por teléfono a un funcionario de la Comunidad de Madrid y que cayeron en saco roto.

El relato de Sánchez ante los diputados que investigan la tragedia en las residencias destaca por ser el primero que ha entrado en el detalle de los hechos en una residencia singular. Los empresarios y familiares que han pasado antes por la comisión que indaga los hechos han pintado un cuadro general que pone en cuestión la versión del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso sobre sus esfuerzos para salvar vidas en las residencias.

La directora del centro de 180 plazas en el sur de Madrid ha descrito la impotencia que sintió al ver morir ancianos cuando el virus se coló por las puertas de un centro desabastecido, sin tests, mascarillas o médicos externos. El bloqueo del hospital solo acabó después de un correo que ella envió indignada el 9 de abril, como reveló este periódico a partir del testimonio de los familiares. “Esto es sentenciar de muerte a la gente y no lo pienso permitir”, escribió en ese correo. Sánchez advirtió de que iba a organizar a los hijos para que recogieran a sus padres y los llevaran a las urgencias del hospital.

Cuando el hospital levantó por completo el bloqueo, la mortalidad descendió de golpe. Entre el 9 de abril y el 28 de mayo solo murieron siete mayores de su residencia. Durante los 27 días de tapón, el hospital de Alcorcón solo admitió siete derivaciones, todas ellas a partir del 1 de abril.

El testimonio de Sánchez refuerza las pruebas de abandono a las residencias durante el período más mortífero de la primera ola de la pandemia en Madrid, cuando murieron miles de mayores sin asistencia médica. La Comunidad de Madrid dio órdenes a los hospitales públicos para limitar los traslados de personas que vivieran en residencias de mayores. Esa y otras decisiones durante la primavera están siendo examinadas por la comisión de investigación, que este viernes celebró la tercera sesión con testigos de 21 programadas. Cuando a principios del año que viene acabe el turno de representantes del sector y familiares llegará la hora de oír a responsables políticos.

Sánchez relató emocionada cómo durante 65 días sin descansar sintió que estaba librando “una guerra”. Además de buscar como pudo material de protección y de dirigir a una plantilla menguante a causa de las bajas, tuvo que hacer tareas de cuidados y funerarias, trasladando cadáveres y envolviéndolos en sudarios. “Sobre todo mi principal función fue no perder la calma para que el resto no la perdiera y saliera corriendo”, ha narrado.

Su testimonio se suma a muchos otros que desmienten que la consejería de Sanidad prestara asistencia médica a las residencias de mayores, una supuesta intervención que el consejero Enrique Escudero llamó “medicalización” y que ha defendido sin pruebas una y otra vez. El plan de Escudero diseñado el 12 de marzo era sustituir el traslado al hospital de los mayores por la asistencia in situ en las residencias, pero el sector se ha defendido diciendo que en plena pandemia era imposible convertir hogares de anciano en centros idóneos para salvar vidas.

El Gobierno de la presidenta Isabel Díaz Ayuso también ha usado como línea de defensa la acusación al Gobierno central por no haberles socorrido. Este viernes ha encontrado respaldo a su tesis en los hechos narrados por otra compareciente, Pilar Ramos, la presidenta de una patronal de 223 pymes en Madrid, Amade. Ramos ha contado cómo su organización matriz en España, Ceaps, hizo una compra de EPIs (equipos de protección individual) que fue requisada en aduanas.

Pero el relato de Ramos también ha sido dañino para la versión de la Comunidad. Ha dicho que el sistema sanitario madrileño dejó de lado a los mayores: “A nivel hospitalario teníamos claro que no éramos el público objetivo de los hospitales. Se nos dijo que estábamos en una situación de guerra”.

La directora del centro de Alcorcón ha contado que recibió el 21 de marzo un primer protocolo de la Comunidad informándole de las restricciones para hospitalizar a sus mayores. Confirmaba lo que ya sabía desde una semana antes, cuando llamaron al 061 para derivar a un enfermo y le respondieron que en adelante todos los traslados debían ser aprobados por un geriatra de enlace del hospital de Alcorcón. Era el nuevo filtro que la Comunidad acababa de implantar y que nunca antes habían sufrido.

“Obviamente nos ponemos a buscar el nombre de la geriatra, algo que no conseguíamos”, ha contado Sánchez. Finalmente consigo contactar con geriatría, serían las 10 de la noche aproximadamente, y se nos comunica que no, que no se puede derivar. Que en este caso este señor en este momento no tiene justificación".

La residencia de Sánchez vio la luz al final del túnel cuando pasó el pico de la primera ola. “La primera vez que vino un médico de forma presencial fue el 10 de abril, el día posterior al que yo mando un email. Al día siguiente la geriatra del hospital se presentó. Fue la primera vez que un médico que no fuera de nuestra empresa se presentara”, ha contado la directora. A partir de ahí la geriatra les visitó semanalmente y el centro de salud de su zona, que hasta entonces les había ignorado, comenzó a darles mayor respuesta.

“Somos una residencia, no somos un hospital y no tenemos los medios para curar, estamos para cuidar”, ha dicho Sánchez.

Sánchez, una mujer de 34 años que lleva 11 al frente de Amavir Alcorcón, recibió elogios por su coraje durante lo peor de la crisis, después de que EL PAÍS publicara su historia. Entonces no quiso hacer declaraciones y este viernes ha sido la primera vez que ha hablado en público sobre lo sucedido. Cuando ha salido de la sala, ha vuelto a hacer gala de su arrojo. No se ha cortado para reprocharles a los periodistas que la entrevistaban que los medios de comunicación fueron injustos con el sector durante los días críticos, cuando trabajaban desesperados por evitar más muertes. “Mi sector fue juzgado desde el primer segundo y no nos habéis dejado réplica porque importaba más realmente ir al blanco fácil”, dijo.

“No somos héroes, pero las gracias sí (aceptamos), porque la gente del sector de la tercera edad se ha dejado la piel. Los hospitales tenían pocos medios, pero es que yo no los tenía y mis trabajadores han trabajado sin medios, han ido cada día poniendo en riesgo su vida por salvar a personas mayores”.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

lunes, 7 de septiembre de 2020

domingo, 6 de septiembre de 2020

lunes, 1 de junio de 2020

Madrid arrincona a sus sanitarios

Así trató la Comunidad de Madrid a los héroes de esta pandemia. 
Transcribo íntegro el artículo.


La auxiliar de enfermería Mamen Martín, de 51 años, lleva seis días durmiendo en un sótano de un hotel con unas condiciones “pésimas” por orden de Sanidad

Vio morir a tres pacientes en una noche. Agarró la mano de otros tantos antes del último adiós. Hizo jornadas maratonianas de hasta 17 horas. Trabajó sin apenas protección. Llevaba 50 días atendiendo a decenas de pacientes con coronavirus en dos hospitales de Madrid. 50 días sin ver a su marido, a sus tres hijos y a su nieto. La auxiliar de enfermería Mamen Martín, de 51 años, ha dado positivo por coronavirus y la Consejería de Sanidad la ha aislado en un sótano para que pase la enfermedad. “Me siento como una mierda, como si no valiese nada. El primer día sufrí un ataque de ansiedad”.

La habitación de este hotel, que tilda de “zulo”, tiene un baño, una cama de 90 centímetros, un pequeño escritorio y una ventana con 14 barrotes con vistas a un patio interior. Ocho metros cuadrados. La pueden observar decenas de vecinos desde sus ventanas. “No tengo ni intimidad. ¿De verdad nos merecemos esto?”. Dice que apenas descansa, que la luz le entra a las seis de la mañana, que no tiene persiana y ni cortinas. Los miembros del hotel le han ofrecido unas bolsas de basura de color verde y un esparadrapo para que las pegue en la ventana. “Así entra menos sol”.

Ahí deberá pasar las 24 horas al día hasta que el bicho se vaya. Mínimo 15 días. Claro que ha pedido el cambio, pero la respuesta siempre es la misma: “Es lo que hay”. También se lo ha dicho a la Consejería de Sanidad, pero el silencio que escucha ya va por el sexto día. “Con una habitación sencilla y con persiana me conformo, pero esto, ¿esto?”. Por no hablar de la comida y la cena que recibe. Las fotos que ella misma envía por WhatsApp hablan por sí solas: un cocido revuelto, una fideuá pasada “con trozos de ni se sabe”, unas espinacas revueltas “con vete a saber qué”. “Lo peor es que no nos dicen ni lo que es. Nos dejan los táperes en la puerta y listo”. Hay días que ni come.

A este hotel llegó el 3 de mayo. Pero antes de dar positivo por coronavirus dormía en otro alojamiento que está a dos minutos a pie de la Gran Vía. Ahí convivía junto a otros sanitarios que, por circunstancias familiares o porque venían con nuevos contratos de otras provincias, no tenían donde hospedarse. Sanidad puso a su disposición una serie de hoteles para todos ellos. Según sus datos, ahora mismo son cerca de 1.200. “Aquel hotel era perfecto. Teníamos de todo, pero claro, no estábamos contagiados”.

Esta madrileña trabaja desde hace 15 años en la Fundación Jiménez Díaz por la mañana y en el Hospital de San Carlos por la tarde. Con estas jornadas maratonianas la cuenta a final de mes engorda hasta los 1.900 euros. Así hay alimentos para su marido, “un pintor de brocha gorda”, que está en el paro desde marzo. Y para sus hijos: Daniel, de 35, Sheila, de 34, Joana, 30, y su nieto adolescente Marcos, de 14. Todos la esperan en su casa de Méntrida, un pueblo de Toledo de 5.000 vecinos a 58 kilómetros de la Puerta del Sol. “Ya queda menos”.

Solicitó dormir en un hotel para no contagiar a ninguno de ellos. De su positivo, “que tarde o temprano iba a llegar”, le informaron el pasado domingo, aunque ella dice que ya tenía algún síntoma desde hace semanas. “Pero como no había test, pues seguíamos trabajando”. A media mañana sonó el teléfono de su habitación. Era una portavoz de la Consejería de Sanidad:

― Mira, como tienes la covid-19 no puedes estar en este hotel, ¿puedes irte a tu casa?

― ¿Cómo? Pero si estoy aquí es para no contagiar a mi familia.

― Eres sanitaria. Si lo haces bien no pasa nada, ya sabes.

― Me niego.

― Dame una hora, veré qué puedo hacer.

60 minutos después, recibió otra propuesta: “Vete a este otro hotel, que vas a estar muy bien, ya verás”. Este otro hotel es un hostal medicalizado. Un pequeño espacio para turistas a las afueras de la M-30 de Madrid convertido en una planta de enfermería para aquellos sanitarios que han sido contagiados. Mamen le comentó que tenía coche y que estaba aparcado en el parking del otro hotel: “Aquí también. No te preocupes por nada”.

A las 16.30 del domingo tiró del freno de mano en la puerta de su nuevo hogar. Un recepcionista salió a la puerta a recibirla. “Lo siento, pero no hay sitio”. Mamen llamó de nuevo a la portavoz de la consejería. “Lo siento mucho. Trata de aparcarlo por la calle”. Una hora después, encontró un hueco a 20 minutos. Ya de vuelta, regresó indignada. Harta del trato que estaba recibiendo. Y eso que lo peor estaba por llegar. Al abrir la puerta de su habitación se dio de bruces con 14 verjas, una ventana sin persianas y un plato de comida que acabó en la basura. Se le cayó el mundo encima.

“Después de todo lo que estamos pasando que te me metan aquí, aislada de todo, en un zulo, y que ni siquiera esté a gusto. Te sientes una mierda. Una basura”, cuenta por teléfono. “Si caes mala te das cuenta de que no vales nada”. Y tose. Dice que una vez al día recibe una llamada de una doctora. “De momento no tengo fiebre”. Y tose. “He perdido el gusto y el olfato”. Ha llamado a su compañía telefónica para pedir más datos porque el hotel no tiene Internet.

Este periódico se puso en contacto con la Consejería de Sanidad madrileña el viernes. Un portavoz aseguró que desconocía el caso. Respecto a la habitación del hotel aseguró que todos los hoteles cuentan con las garantías sanitarias. Que si no tenía persianas ni cortinas era, precisamente, por la seguridad de todos. Indignada, Mamen llamó a su familia y les dijo que no podía más. Que, aunque no tenía una habitación para ella sola en casa, se la fueran preparando. Que su marido o algunos de sus hijos tendrían que dormir en el salón. Dos horas después, un portavoz de Sanidad la llamó ofreciéndole otra habitación en otro hotel con mejores condiciones a partir de este lunes. “¿Tan difícil era?”.

A Mamen le encanta su trabajo. Echa de menos a sus compañeros. La electricidad de salvar vidas. Cuando flaquea, se acuerda de aquella señora que salió a aplaudirla cuando llegaba al otro hotel con ojeras. Encerrada en estas cuatro paredes, pregunta cada poco tiempo a sus auxiliares por los pacientes de neumología que ha dejado de atender. Se viene abajo. “Creo que no estoy preparada para otra pandemia. Psicológicamente ha sido muy fuerte todo lo que hemos pasado y ni siquiera recibimos atención”. El otro día, con el ataque de ansiedad, le dieron una pastilla de diazepam. “¿Esto es la solución?”.

― ¿Le han ofrecido algún psicólogo?

― Bueno, Sanidad me ha ofrecido a un cura para hablar.

viernes, 22 de mayo de 2020

Sobre el patriotismo democrático

II.- Responsabilidad de las derechas y sus políticas excluyentes

Los distintos nacionalismos españoles, central y periféricos, -los dos son peores- son muy parecidos en postulados filosóficos y en sus acciones políticas, opresoras y represoras; ambos son excluyentes de todos aquellos que sean diferentes. Dependiendo de momentos, será visible en los nacionalismos de allá o acá, su intención permanente de considerar a los otros como distintos, con menores derechos, ya que parten del supuesto de su menor calidad cultural e histórica. El fondo del asunto es que consideran su legitimidad por encima de la de los demás, aquello es suyo, la patria, los símbolos, las tradiciones, el territorio, la riqueza, la cultura, la historia…

Según las élites derechonas, españolistas, catalanistas o vasquistas, el resto de la gente tendrá que aceptar sus postulados nacionales si quiere ser bien tratada, si ustedes se amoldan y aceptan su inferioridad, serán aceptados socialmente, de lo contrario serán excluidos de la tribu, del clan. La sociedad no la entienden como conjuntos de individuos con múltiples intereses que conviven en espacios temporales en los que solo será posible hacerlo cediendo en algunos postulados y aceptando otros de los demás. Los nacionalistas no entienden la sociedad compuesta por ciudadanos libres, de diferentes clases, religiones, etnias, idiomas, edades, tradiciones etc., distintos, pero siempre en igualdad de derechos y obligaciones, por eso ciudadanos, que con solidaridad y justicia mejor que caridad, buscarán la equidad para toda la ciudadanía que puede convivir con múltiples identidades diferentes.

La política de la derechona agravará la quiebra social, conseguirán alejar millones de individuos del sentimiento colectivo español, ‘maldita Constitución, maldito Gobierno, maldita España’, repetirá la gente. La sensación de apátridas, de excluidos del conjunto dominará lo justo como para agravar el problema de la identidad nacional periférica, nadie quiere ser amante de quien le trata mal. Somos un país algo diferente en este asunto, a los extranjeros les parecemos que no respetamos símbolos nacionales, en manifestación pública, cultural, de representación o deportiva, que son las que ven por televisión. Somos capaces de insultar otros himnos, banderas, representantes del estado, ritos y ceremonias se celebran sin mínimo respeto del público, de educación hacia los demás… maldecimos nuestra historia, y nuestra gente, de la que desconocemos casi todo. Los extranjeros se llevan las manos a la cabeza cuando nos comportamos de esta forma en sus ciudades, o si nos interesamos por cómo actúan en sus países y los criticamos sin guardar un mínimo de prudencia. 

No nos sentimos respetuosos porque durante muchos años los carpetovetónicos, las derechonas del momento, no lo han sido con el conjunto de los españoles. Las personas son la piedra angular de los símbolos, sin un fuerte respeto a los individuos, considerándolos ciudadanos, poco respeto puede haber hacia otra cosa, por eso tiene tantísima importancia no herir gratuitamente, ¡Quieren desenterrar los muertos por cobrar subvenciones! Esta gente, deberían ser expulsados de sus partidos y cargos, no es así, les ríen y aplauden las gracietas incluso en sede parlamentaria. El sentimiento fraternal hacia la Constitución disminuye porque sigue habiendo muertos en las cunetas, porque se vive en el desprecio de los poderosos hacia el pueblo, y en un problema de enfrentamientos nacionalistas, millones de españoles sentirán simpatía por los que se enfrentan al españolismo excluyente, o se retirarán a un lado dejando hacer, sin oponer como mejores principios ciudadanos y progresistas los de la Constitución. La cuestión es que esta actitud cede la Constitución a los carcas, regala su defensa, su propiedad, lo cual acrecienta el problema de exclusión de millones de individuos de la identidad común española. 

El orgullo y respeto por los conceptos nacionales se consigue cuando se utilizan de forma conciliadora, cuando los símbolos se usan de forma inclusiva y respetuosa con los otros vecinos, incluidos los contrarios. El símbolo nacional debe serlo, si y solo si, es aceptado voluntariamente por el conjunto ciudadano. El amor y respeto por lo español, se manifiesta defendiendo su carácter genérico e integrador, por lo tanto combatiendo a los ultras que se apropian símbolos y utilizan para sí.[1] El asunto del patriotismo es altamente delicado por sentimental, encierra muchas de las disputas de este país, las emociones pueden encabronar la relación, crispar la convivencia hasta hacerla insoportable para muchas personas. ¡Que se jodan!, es lo que dicen unos arremetiendo contra los otros. Su torpeza es tan brutal como la de aquellos que dicen ‘O me quiere a mí, o la mato’, la misma emoción machista que provoca tanta violencia. Pero el amor no se impone, el cariño no se puede obligar y quien lo pretenda solo difunde odio y ánimo de exclusión lo cual suma adeptos a la independencia ‘ya que me excluyen, a la menor oportunidad me voy’. Como poco, suma simpatías hacia otros nacionalismos que pelean con quien me expulsa.

El problema con la bandera, la historia, la tradición… es que no son símbolos comunes, de todos, que deberían unir a la mayoría, no hay experiencia elegida voluntariamente, querida y aceptada masivamente. Enfrentamientos de sangre han sido frecuentes entre españoles, ha faltado un componente externo de unión contra un peligro común como tienen otras naciones. Salvo 1808, y ello, rodeado de aspectos confusos y mezclados de modernidad y carcunda que facilitaron la vuelta de las cadenas. Al margen de su historia antigua, la creación legal en la Transición del símbolo nacional, reconvirtiendo la bandera franquista quitando la reminiscencia fascista del ‘aguilucho’, es uno de los mayores puntos negros de la época, -otro es la ley electoral, la principal llave para abrir la solución de un montón de problemas- dejó la bandera demasiado cercana al símbolo bajo el cual combatieron los golpistas que iniciaron la guerra civil y arropados en ella dirigieron la represión sangrienta contra el pueblo español. Ocurre con la historia, las tradiciones y con lo español, tiene demasiada carga de franquismo y nacionalcatolicismo, lo que separa a la mitad de los españoles del conjunto en el que no se sienten incluidos.

A mucha gente le parece bien mantener el símbolo bajo el cual lucharon, creerán que las historias y tradiciones españolistas deben ser soportadas por toda la población -para eso ganamos la guerra, ¡que se jodan!, gritan- pero, precisamente por ello, por quererlo imponer a sangre y fuego, la otra mitad del país se aparta, no puede sentirse incluido, no es querido, aquello no es compartido por amplias mayorías y el país se debilita, la convivencia se resiente, los proyectos comunes no salen adelante, mientras, los nacionalismos periféricos se fortalecen. Todas las historias y tradiciones, cualquier bandera que se izara, tendría amantes, no llegó todavía el momento de que la derecha, no la derechona, los conservadores españoles, sean conscientes de que lo español no necesita unos pocos amantes celosos, sino que es necesario que una gran mayoría de ciudadanos se sientan cómodos con su país, su historia y símbolos. El problema que tenemos los españoles, ganadores y perdedores, azules y rojos, es que compartimos espacio y tiempo y sería preferible para todos conciliar sentimientos de los diferentes para hacer sencilla y placentera la vida en común. La cuestión es potenciar la sociedad democrática, inclusiva. O cada día aumentarán los que querrán independizarse.

Después de la guerra civil y tras de la muerte de Franco, en aquellos tiempos de la Transición hubo varios centenares de muertos, que cayeron por balas de funcionarios protegidos por la bandera española, y por escuadrones de fachas escondidos tras ella. Muchas palizas fueron dadas arropados con ella, muchos insultos impartidos por quienes portaban la rojigualda. Tras el golpe de estado de Tejero, el 23F, hemos visto por las calles, en los bares, comercios, en los campos de futbol… a individuos que llevaban la parafernalia del golpista y portaban la rojigualda a su lado, de hecho, los símbolos se vendían juntos, sin que el resto de conservadores les recriminara por ello. Era el símbolo de los que gritaban ‘Tarancón al paredón’, de aquellos que defendían una iglesia franquista y ultra, mientras la mayoría de los azules asentía o callaba. Carrillo, el PCE, durante la transición, la abrazó, para evitar conflictos mayores dentro de la política de ‘reconciliación nacional’, e intentó con grandes esfuerzos que fuera aceptada por los comunistas, es la contribución que le reconocen desde instancias conservadoras. Entonces pudo haberse intentado una mayor identificación popular reduciendo agravios si algunas minorías no se hubieran apoderado de ella, sin reacción de los conservadores para criticarlo. 

Desde aquellos días la bandera y el españolismo, son utilizados con demasiada frecuencia por la derechona[2] para golpear al resto, siempre con la pretensión de someter o expulsar a los españoles de su propio país. Lo español fue utilizado por muchos para excluir y desde posiciones conservadoras no lo evitaron saliendo al paso de los excluyentes, y ahora mentes preclaras de entre ellos reconocen el inmenso error. ¡Qué carajo! tenemos un serio problema.[3] Ahora lo reconoce el Alto Comisionado para la marca España, nombrado por el Gobierno del PP, dice que tenemos un grave problema nacional, la extrema-derecha ha patrimonializado la bandera, un símbolo que debería ser de todos. Algo que sabíamos desde hace bastante tiempo muchos millones de españoles y cuyo problema, gran problema, los militantes y votantes azules no han querido resolver, y en gran parte provocan ellos mismos, para muestra los ejemplos de los últimos días.[4] El Alto Comisionado del Gobierno para la Marca España, Carlos Espinosa de los Monteros, afirmó en el Fórum Europa:

''Tenemos que limpiar los símbolos de nuestro país de connotaciones que no le han favorecido'' conminó, abogando así por quitar a la bandera española ''toda connotación política'' con el objeto de que ''sea percibida como patrimonio de todos''. ''La extrema derecha hizo mucho daño patrimonializándola'', lamentó. Espinosa de los Monteros emitió este diagnóstico en la conferencia que pronunció en el evento informativo que organiza Nueva Economía Fórum, ante la atenta mirada del ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo, que promovió su nombramiento. Si quieren empezar a corregir el problema, deben pelear por desterrar la apropiación patrimonial de sus propias filas, visible en cada manifestación callejera azul, en cada reivindicación ultra sea religiosa o política, visible en la ostentación ante sus líderes o contra los del resto, siempre usada como arma excluyente. Todo el mundo sabe que tras una pulsera rojigualda, o pegatina en un coche, hay un individuo de extrema-derecha en un 70% de ocasiones, franquista en un 20%, y variados en el 10% restante. Todos sabemos que en las manifestaciones de los derechistas los ultras se identifican con la bandera española como su enseña y que grupos o individuos violentos se amparan tras ella.

Todavía se puede empeorar si los defensores institucionales de símbolos que deberían unir, son tan torpes para no darse cuenta de que todos recuerdan atrocidades del pasado, que reflejan otros símbolos que incluso por ley deberían ser quitados de la faz pública, como nombres de golpistas en calles e iglesias, o cuando el pueblo ve que no defienden la dignidad de los españoles enterrados en cunetas ¡en ningún otro país civilizado del mundo! Si no ven que eso excluye no deberían formar parte de las instituciones de este país. Para mucha gente, los símbolos de la patria, son los españoles, las personas que viven sufren y trabajan, o quieren hacerlo, aquellos sin los cuales la sociedad dejaría de funcionar o simplemente no existiría, son los desahuciados por los banqueros, los niños que necesitan comer en colegios públicos para mantener dignamente la población. El mayor símbolo patrio del que sentirse orgullosos colectivamente se percibe en el sistema sanitario español, uno de los mejores y más baratos del mundo y vemos como se está destruyendo. Los símbolos patrios negativos apartan, restan, aumentan la huída cuando no se ve voluntad de corregirlos, son los evasores fiscales, empresarios, cantantes, personajes… que ‘adoran la patria’ pero tienen su dinero en el extranjero, o el símbolo de la corrupción imperante sin que asuman responsabilidades políticas y/o judiciales... La actuación durante la crisis económica y política está sembrando el país de desafectos, por la destrucción realizada y llevará a la exclusión y miseria a un tercio de españoles que solo querrán huir, escapar, independizarse y como no podrán hacerlo sumarán simpatías a todos los que se enfrenten al gobierno español, sean independentistas catalanes o vascos. 

Otra vuelta de tuerca que dañará la convivencia la está dando la política partidista del PP, alejado de una visión de estado, lo cual supone considerar a todos, carece de visión integradora, de entender que España no es suya, que los símbolos no son suyos, que la patria si quieren usar este concepto, son los españoles todos, y no solo los nacional católicos, tener visión de estado implica ser inclusivo en cualquier movimiento que se haga, tener en la cabeza la idea de compartir, de sumar amigos de la Constitución mejor que restar apoyos, implica pensar para el largo plazo aparcando réditos electorales a corto, lo cual incluye salidas a la crisis económica fundamentalmente inclusivas sin dejar gente por el camino que debilitarán la sociedad a medio plazo, incluye salidas que se vean como mejores para amplias mayorías, alternativas que se perciban de mayor calidad para los desfavorecidos que las otras, no se trata tanto, o tan solo, de cuestionar lo malo de la secesión, o su imposibilidad legal… como de mostrar lo bueno de la unión en un proyecto ilusionante de futuro, la gente quiere vivir junto a otros cuando percibe buen trato, ventajas y cariño superiores a vivir separado. No se trata de describir maldades o tropiezos de los otros, como de describir bondades nuestras, sentir orgullo de nuestra historia, pero no de la suya, sino de la que puedan sentirse orgullosos amplias mayorías.

Ahora parece que tratan de aprovechar de forma partidista el problemón soberanista para destrozar/expulsar al PSOE y a las izquierdas del contenido común de defensa de lo español, pretenden obtener con ello el rédito electoral que perderán con la crisis económica, lo cual lo único que hace es confirmar lo difícil que es sentirse español, que según el esquema de pensamiento derechista requiere sentirse vencido, parecen decirnos ‘a los otros los dejamos aquí tirados’. En vez de construir un entorno positivo, lo cual quiere decir participar con las mismas reglas, derechos y esperanzas en construir una sociedad incluyente, que implica sin vencedores ni vencidos, de todos, en el que apetezca vivir y por tanto defender, lo cual necesita dejar a un lado tendencias patrimonialistas excluyentes, como las que muestran las políticas anticrisis del gobierno PP, corrupción, ladrones sueltos, ayudas a los ricos mientras dejan en la miseria a millones de españoles. A lo que se añade el olvido tradicional de los miles de muertos en las cunetas, que rompen cualquier ilusión de sentirse todos españoles, como pueden pedir a la gente defender a España, tratando a tanta gente con tanto desprecio. En este sentido similar al tratamiento dado por CiU, las derechas españolas son muy parecidas, ocultar con la emoción nacionalista los problemas derivados de las políticas de austeridad en las condiciones de vida, lo cual tendrá también costes para ambos.

Uno de los pocos momentos en que las muchedumbres se abrazan a la bandera sin ideologización de vencedores y vencidos, es cuando la Roja gana en el fútbol, porque tras la alegría de esa noche, no se esconde la identificación de un sector de la derecha española, sino la expresión contenida de querencia común ante un grupo de gente de múltiples rincones de España que trabaja en equipo para obtener una finalidad colectiva. Nadie ha hecho más por difundir el símbolo nacional que el fútbol de la Roja, y supongo que quedará para la historia estudiarlo.

Manuel Herranz Montero. Diciembre 2013. 


martes, 12 de mayo de 2020